Historia del Pantalón Femenino

Muchos de nosotros probablemente tengamos la concepción de que vivimos en un mundo moderno, donde cada una o uno puede vestir como le apetezca sin que por ello vaya a ser excluido de la sociedad, de una manera u otra.

Si partimos del supuesto de que esa es la realidad en que vivimos (aunque nosotras personalmente tenemos dudas al respecto) hemos de tener claro que no siempre fue así. Y es que, no fue hasta la segunda mitad del siglo pasado, cuando se empezó a normalizar el uso de los pantalones femeninos.

Veamos cómo esta prenda consiguió traspasar las barreras de género, quiénes colaboraron y bajo qué contexto sociocultural ocurrió.

La primera heroína de la que nos gustaría hablar, por haber jugado un papel crucial en la introducción del pantalón femenino, es Amelia Bloomer.

Amelia fue una gran defensora de los derechos de las mujeres durante finales del siglo XIX en Estados Unidos y participó en la historia de los pantalones femeninos al crear los “bloomer’s”, unos pantalones bombachos que se acompañaban de una túnica larga y que eran utilizados por las mujeres principalmente para ir en bicicleta.

Sería incierto decir que fue en este momento cuando la mujer vistió pantalones por primera vez, pero anteriormente esta prenda se utilizaba únicamente a modo de uniforme, ya fuese en las minas de carbón de Inglaterra, o en las granjas del oeste americano. También por un motivo puramente práctico se empezó a popularizar su uso por primera vez en la historia.

Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los hombres marcharon al frente y las mujeres se quedaron frente a la obligación de sacar adelante su país y sus familias. ¡Solo les faltaba ser obligadas a hacerlo con falda!

Así fue como, al igual que en otras múltiples ocasiones, un horrible acontecimiento dió pie a un avance significativo en la sociedad.

Pero antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial ya hubo mujeres célebres y valientes que empezaron a usarlos; mujeres del mundo del cine, como Katherine Hepburn y Marlene Dietrich en los 30s, y mujeres en el mundo de la moda y el deporte en los 20s, como Coco Chanel y Violette Morris, respectivamente.

Pero hasta después de la guerra, la mujer solo había conseguido introducir los pantalones en su día a día desde un punto de vista funcional. El mundo de la moda no entró en juego en esta historia hasta que André Courrèges comenzó a diseñar pantalones para mujeres en 1963, consiguiendo que solo dos años más tarde, en 1965, la venta de pantalones superase a la de las faldas.

Y a partir de aquí los pantalones comenzaron a vivir su época dorada, creándose múltiples diseños distintos para mujer, desde esmóquines por parte de Yves Saint Laurent en 1966, hasta los ya sagrados jeans.

He aquí un ejemplo maravilloso de cómo una prenda, concebida en un principio como algo puramente masculino, ha conseguido traspasar las barreras de género. Nos preguntamos si llegaremos a ver algo similar en la dirección contraria.

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