Sobre Slow Fashion y Moda Sostenible

Nos encanta la moda, eso es así.
Nos gusta elegir cuidadosamente qué prendas tienen el honor de confeccionar nuestro estudiado armario y nos gusta deleitarnos con cada nueva joya que incorporamos a él. Pero los requisitos que debe cumplir nuestra ropa no tienen que ver solo con el diseño que ésta tenga, existen otros requisitos, que si no imprescindibles, se plantean altamente recomendables.
De todo esto va el Slow Fashion.

Ya han pasado 10 años desde que se acuñase este término, que podría traducirse como moda sostenible y que, de una manera nada fortuita, nos recuerda al término Fast Food. La corriente Slow Fashion es hija de la corriente cultural Slow (o movimiento lento), y hermana del Slow Food, que nació en contraposición al Fast Food allá por los años 80 en Italia.
De la misma manera que el Slow Food es la antítesis del Fast Food, el Slow Fashion lo es del movimiento Fast Fashion. Pero, ¿qué es el Fast Fashion?

A nadie le sorprende que hoy en día estemos sumidos en una corriente vertiginosa de temporadas y tendencias, donde la moda es barata, rápida, obsolescente y de malísima calidad. Donde no nos importa que nuestra camisa nueva se rompa la semana que viene, ya que dentro de un mes no será tendencia o porque es tan barata que puedo comprarme tres. Esto que tanto te suena es el Fast Fashion.
Pero, ¿qué consecuencias tiene? Pues siento deciros que las tiene todas. Esta corriente “rápida” tiene graves consecuencias a nivel ambiental y humano, siendo la industria de la moda una de las más contaminantes y vejantes. Hay que tener en cuenta que, para que nuestra ropa sea tan barata, se utilizan materiales de mala calidad y/o altamente contaminantes (desde materias primas hasta colorantes) y, en ocasiones, se fabrican sin respetar los derechos humanos más básicos. Y, para terminar, se produce lejos, muy muy lejos, complementando así una huella de carbono de lo más tóxica.

Bueno, y ahora que sabemos de los peligros del Fast Fashion, ¿qué puede hacer el Slow Fashion por mi? ¿Qué opciones tengo? Pues queridas amigas y amigos, estáis de suerte, porque tenéis bastantes. Puedes consumir moda producida éticamente (desde un punto de vista humano y ambiental) o de segunda mano o producida de manera local y/o artesanal. O, por qué no, directamente confeccionarla tú mismo. Por último, también podrías consumir menos ropa y hacerlo de una manera más responsable.
A nosotras, evidentemente, la opción que más nos gusta es la de abogar por la moda de segunda mano, a poder ser vintage, teniendo así una mayor certeza de que nuestras prendas nunca estuvieron inmersas en la vorágine del Fast Fashion.

La moda vintage es para nosotras la mejor opción por varios motivos. El principal es la reutilización, ya que con esta opción no sólo no estás generando residuos nuevos, si no que los estas rescatando. Además, mediante la moda vintage puedes hacerte con piezas de una calidad muy superior y con una exquisita manufacturación por un precio más que razonable. Y luego está el lado romántico. A nosotras, particularmente, nos encanta la idea de darle una segunda vida a una prenda que ya ha tenido una historia en un contexto que es relativamente fácil extrapolar si sabes la procedencia del artículo y éste es fácilmente datable.

Bueno, ya sabes nuestra opinión, ahora te toca a ti formarte la tuya propia y empezar a practicar el Slow Fashion por el método o métodos que más te satisfagan.

¡Larga vida al Slow Fashion y larga vida a Limonade Vintage!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *